sábado, 17 de marzo de 2012

Peregrino soy - I am a Pilgrim

Peregrino soy                    -                             I am a Pilgrim



          Caliginoso despertar me halla entre bosques de pinos, robles y castaños quejumbrosos de tanta cotidianeidad. Lejanas montañas con nieve aún resistiéndose a marchar entre densas nieblas milenarias.
Ritmos, acentos y costumbres repetidas hasta la saciedad como otoños, inviernos, primaveras, veranos se repetirán hasta el final de los tiempos.
Peregrino incansable soy que aspira a no repetir nunca la misma senda y que condenado está a merodear los caminos que una y otra vez constituyeron el pasado del que huyes y al que cual asesino vuelves a encontrarte con la víctima que abandonaste para no volverte a enfrentar.
¡Qué difícil es dar muerte al pasado cuando en ti algo disputa por herirte una y otra vez, una vez y otra más…
Oscuro es el lado que ensombrece la luz en mi interior, en mi exterior.
Hoy el cielo es gris y lo veo brillante, centelleante; un paso más adelante y el mismo cielo gris se torna resplandeciente, pero mi corazón lo percibe plomizo, desapacible.
Las caras tienen un gesto de cinismo; el sonido de la calle es un martillo que estalla en mi cabeza; el bello río que arrulla mi pueblo se torna terroso y su sinfonía es despreciable hasta el infinito. Siento cólera, encono, intenso rechazo por lo caduco de todo lo que me rodea. Quiero huir desatando una loca carrera que no encuentre fin, que me acerque al finísimo filo del abismo de lo soportable. Hallo exaltación en la abstracción de arrojarme dentro de la línea de tiempo que nunca se extingue: Dios.
Todo se me antoja un cinturón que aprieta y asfixia hasta la extenuación y el desmayo; lo irresistible y la muerte.
Pero ahora el mundo se me vuelve a antojar bello, el aire acaricia mi rostro con sumo mimo y cuidado, el canto de un pájaro aviva la llama del fuego interior, la prosa expande mi imaginación y vuelvo a escribir palabras con la ansiedad que brotaban de mi mente cuando aún era joven e impaciente.
Este columpio del día a día en su impetuoso vaivén imita en su bajada los momentos en que todo es gris y pesimista; en su subida los que son sinfonía que elevan el espíritu.
Muchas bajadas, pocas subidas; la balanza carece de equilibrio. No me compensa.
Necesito detener este balanceo, este ir y venir que no me hace progresar.
Soy consciente de que los momentos malos pesan mucho más que los buenos en la balanza que construyo con mis manos a cada lado de mi cuerpo. Miro a un lado y a otro y uno de ellos me resulta insoportable de sobrellevar.
Sigo caminando, pero quisiera una cañada poco transitada y siempre cambiante. No deseo el tormento de lo soportable, de la monotonía, del término medio; persigo sombras muy contratadas y luces con una gradación tan ascendente que me ciegue por completo.
Lo interno no se refleja en el exterior, pero podría decir que no puedo asegurar que lo que veo no sea lo que siento en mi alma. Es todo demasiado confuso como para poderlo constatar.
Puede que mañana despierte y todo lo que hoy fue perfecto me resulte tan dudoso como que nunca caminé  por esta o aquélla senda, o que todas las sonrisas fueron tan sólo llanto, o tal vez la proyección de mi pensamiento, de mis sentimientos, de mi confusión, de mi propio, único y, a veces, nebuloso mundo interior.
En un camino de menos luces que sombras, peregrino soy.

(Dalitea)

sábado, 3 de marzo de 2012

Lonely solitude













  •                                                      Lonely Solitude - Soledad de soledades

Mi alma merodea por paisajes de mar y arena en la constante búsqueda de la ola que solemniza su agonía en la soledad de una orilla que anhela pero no alcanza.


Cada mañana es como una repetición de la mañana anterior y el presagio de la muerte que camina inexorablemente hacia mi se convierte en la reiterada e insoportable pesadilla del acto que nunca alcanza su culminación, su mayor expresión, el cumplimiento de lo prometido, de lo pactado, del encuentro con el garrote que desencadene la apertura del lo desconocido, que rompa el eslabón de esta condena que se me antoja perpetua.


Tú muerte, te burlas de mi; amarga compañera de viaje.


Ahora me acaricias, ahora me abandonas y la soledad de soledades se ensarta cual daga en forma de palabras en esta mi composición muerta.


Permaneces aún lejana, aunque triste como mi triste espera, triste prórroga.


Una alborada, harta de ser ignorada, estallará en ti la pasión por encontrarme en el camino y toda fuego me despojarás de mi humana naturaleza, tomándome con la pasión de lo efímero de la belleza.


 Y te amaré; y me amarás, y seremos uno.


Eternamente uno.

(Dalitea)