Cada noche un sueño me persigue, me acosa, me arrastra entre sus nebulosas ramas y, entre sombras y luces, no me deja vislumbrar dentro de su pseudo-realidad. Es tan recurrente como recurrente es la vida.
Camino entre el entramado de imágenes y siempre me lleva al mismo lugar; el lugar en el que todo ocurrió, el lugar en el que la infancia se rompió y algo tenebroso se introdujo en lo más profundo de mi alma. Camino e intento alejarme, pero sus raíces se alargan y se enredan en mis pies, en mis piernas, en mi cintura, en mis brazos y manos, en mi cuello, en mi boca, en mis ojos..., hasta que ya no puedo ver, y ya no puedo hablar, ya no puedo pensar, ya no puedo incluso sentir y, paradójicamente, la realidad me atrapa como animal en su trampa; es entonces cuando hasta el sueño, aunque pesadilla, me parece más apetecible que lo que mis manos pueden acariciar. (Dalitea)

Desde mi ventana.....veo pasar a un mundo delante de mí del que tengo la sensación de que yo no formo parte......
ResponderEliminarAnónimo:
ResponderEliminarGracias por ser la primera persona en dejar tus sentimientos en mI recién estrenado blog.
Tus palabras me dejan impresionado porque esa misma sensación la he tenido yo desde prácticamente tener sentido común.
Las personas somos islas, y sólo cuando somos sinceros desde el corazón, nuestra isla encuentra muchas otras junto a las que se puede reencontrar la esperanza y el sentido de pertenencia. Un abrazo.
Regalarse a uno mismo estos pequeños momentos de reflexión no tiene precio.Gracias Ángel.
ResponderEliminarCiertamente, a veces hay que darse a uno mismo para poder darnos a los demás, así como que tampoco tiene precio tener amigos como tú. Gracias a tí siempre.
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