Peregrino soy - I am a Pilgrim
Caliginoso
despertar me halla entre bosques de pinos, robles y castaños quejumbrosos de
tanta cotidianeidad. Lejanas montañas con nieve aún resistiéndose a marchar
entre densas nieblas milenarias.
Ritmos,
acentos y costumbres repetidas hasta la saciedad como otoños, inviernos,
primaveras, veranos se repetirán hasta el final de los tiempos.
Peregrino
incansable soy que aspira a no repetir nunca la misma senda y que condenado
está a merodear los caminos que una y otra vez constituyeron el pasado del que
huyes y al que cual asesino vuelves a encontrarte con la víctima que
abandonaste para no volverte a enfrentar.
¡Qué difícil
es dar muerte al pasado cuando en ti algo disputa por herirte una y otra vez, una
vez y otra más…
Oscuro es el
lado que ensombrece la luz en mi interior, en mi exterior.
Hoy el cielo
es gris y lo veo brillante, centelleante; un paso más adelante y el mismo cielo
gris se torna resplandeciente, pero mi corazón lo percibe plomizo, desapacible.
Las caras
tienen un gesto de cinismo; el sonido de la calle es un martillo que estalla en
mi cabeza; el bello río que arrulla mi pueblo se torna terroso y su sinfonía es
despreciable hasta el infinito. Siento cólera, encono, intenso rechazo por lo
caduco de todo lo que me rodea. Quiero huir desatando una loca carrera que no
encuentre fin, que me acerque al finísimo filo del abismo de lo soportable.
Hallo exaltación en la abstracción de arrojarme dentro de la línea de tiempo
que nunca se extingue: Dios.
Todo se me
antoja un cinturón que aprieta y asfixia hasta la extenuación y el desmayo; lo
irresistible y la muerte.
Pero ahora el
mundo se me vuelve a antojar bello, el aire acaricia mi rostro con sumo mimo y
cuidado, el canto de un pájaro aviva la llama del fuego interior, la prosa
expande mi imaginación y vuelvo a escribir palabras con la ansiedad que
brotaban de mi mente cuando aún era joven e impaciente.
Este columpio
del día a día en su impetuoso vaivén imita en su bajada los momentos en que
todo es gris y pesimista; en su subida los que son sinfonía que elevan el
espíritu.
Muchas bajadas, pocas subidas; la
balanza carece de equilibrio. No me compensa.
Necesito detener este balanceo,
este ir y venir que no me hace progresar.
Soy consciente de que los
momentos malos pesan mucho más que los buenos en la balanza que construyo con
mis manos a cada lado de mi cuerpo. Miro a un lado y a otro y uno de ellos me
resulta insoportable de sobrellevar.
Sigo caminando, pero quisiera una
cañada poco transitada y siempre cambiante. No deseo el tormento de lo
soportable, de la monotonía, del término medio; persigo sombras muy contratadas
y luces con una gradación tan ascendente que me ciegue por completo.
Lo interno no se refleja en el
exterior, pero podría decir que no puedo asegurar que lo que veo no sea lo que
siento en mi alma. Es todo demasiado confuso como para poderlo constatar.
Puede que mañana despierte y todo
lo que hoy fue perfecto me resulte tan dudoso como que nunca caminé por esta o aquélla senda, o que todas las
sonrisas fueron tan sólo llanto, o tal vez la proyección de mi pensamiento, de
mis sentimientos, de mi confusión, de mi propio, único y, a veces, nebuloso
mundo interior.
En un camino de menos luces que
sombras, peregrino soy.
(Dalitea)




